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Los jueves, relato. Se vende…

11 Desembre 2012

Relato a cuatro manos y dos cerebritos: los de Alfredo Cot  y  Sani Girona

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SE VENDE

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Aquel lunes de Otoño de 2020, Tomás, responsable de mantenimiento, llegó al museo puntual como cada mañana. Le llamó la atención un cartel, colocado en lo alto de la puerta que, en grandes letras fosforescentes, rezaba así : “SE VENDE”.
Perplejo y desconfiado, esperó la llegada de Don Antonio, el Director. Él le sacaría de dudas.

-Es una decisión de las altas esferas- le contestó su jefe. El Ministro ha dicho ya su última palabra. Ha decidido que hay que cerrar y venderlo todo por cambio de orientación en el negocio.

¡Malos tiempos para el Arte, Tomás! Ahora “molan” otro tipo de valores. Y no va a consentir por más tiempo la exposición pública de todo ese material obsceno y subversivo: Ese borracho con las uvas babeando por la cara, o ese otro de las Tres Gracias, clara e intolerable demostración de lesbianismo, o esa Maja enseñando su cuerpo de forma lasciva. ¡Esas Lanzas de Breda que acaban  recordando la Independencia de los Países Bajos!
Y todas esas toneladas de objetos de Rastro madrileño…¡Hay que deshacerse de tanta subversión y de tanta cochambre!

Lea, lea…las condiciones de venta que publica hoy el B.O.E.

URGE VENDER

Magnífico inmueble de 45.000 m2 en pleno centro de Madrid, al lado del Parque del Retiro y cerca del Congreso, Cibeles y Atocha..

Construcción de dos plantas, del año 1785. Recientes obras de remodelación y ampliación en la zona de los Jerónimos. Acabados de máxima calidad.
Los materiales del inmueble se venden aparte:
Las colecciones de cerámicas, porcelanas, esmaltes, abanicos, dibujos y estampas  se venderán en lotes de cajas.

Las esculturas pertenecientes a las culturas griega y romana se venderán a peso.

Los óleos, telas y tapices se venderán al metro cuadrado. (Anulada la  subasta prevista).

Máxima versatilidad de las cien salas actuales, utilizables como Macroburdel, como Parque temático (Restaurantes, Casino, Peñas deportivas…) o como Gran superficie (Corte Inglés, Ikea,  Mediamark…)

Precio total del inmueble: 100 millones de rajois(1), negociables.

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(1) un millón de los antiguos euros, desaparecidos en 2014

MUSEO

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Relato de Alfredo Cot  y  Sani Girona

Muchas más ventas, y  de todo tipo, en el blog de San

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Nota al margen:

Alfredo y Sani proponen añadir a las normas de Tésalo  una norma más: La norma “MarDeTol”(**)

 ** La Norma del “Margen De Tolerancia” en relación con la extensión de los relatos. Que el margen de tolerancia sea del 10%. De modo que si se fija una extensión de 200, 300 ó 400 palabras para un relato, el margen de tolerancia  permita llegar a las 220, 330 o 440 palabras respectivamente.

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Anuncis

Los jueves, relato. A la luz de una vela.

29 Novembre 2012

A LA LUZ DE UNA VELA

Pocas situaciones hay más románticas que una cena a la luz de las velas, ya sea en un restaurante de lujo, a orillas del mar;  o al calor de un fuego, en un parador de montaña, contemplando una nevada suave pero persistente; o en el marco de una cena íntima, diseñada en casa, con cariño y voluptuosidad.

Cuando Elodia le sugirió por enésima vez que tenían que cumplir su vieja promesa de tomar juntos una copa de cava, M* acarició la idea de imaginar y preparar juntos una cena, el viernes siguiente, tal vez. Sería divertido cocinar juntos unos platos exóticos y sofisticados, que decidirían  de común acuerdo. Había calado en él la idea de que el lenguaje era lo primero que había que modificar, y se imponía substituir cuanto antes mejor el verbo colaborar por el verbo participar, y la idea de ayudar por la de actuar en igualdad de condiciones.
Pero renunció enseguida a imaginarse en situación de cocinero, ni tan siquiera de ayudante cocina. Si iban a cenar en su casa, tenía que ser ella quien tomara esa vez todas las decisiones sobre el menú y el resto de detalles. Era una ocasión especial y como tal había que respetarla. Él se reservaría la elección de un vino y una cava que dieran a la velada un toque inolvidable. Un Pouilly-Fumé le pareció una opción  suficientemente exquisita y distinguida, y con un toque de garantía que evitaba tener gastar una fortuna en una apuesta incierta. El cava, escogido en oposición al champagne francés, le permitiría hablar de diferentes aspectos de su elaboración así como de la vida de su pueblo natal, ese Épernay catalán, que ella desconocía por completo.

Sería un “dîner aux chandelles”, claro. ¡O no tan claro! Al pensar en ello, M*  cayó en la cuenta de que no habían tratado ese punto en ningún momento, aunque él estaba convencido de que ella le sorprendería de principio a fin: desde la mantelería y las velas al delicado menú que, con toda seguridad tenía ya pensado y decidido.

Pero por si acaso, él quiso cerciorarse de que las velas no iban a faltar. Entró en Natura y buscó un estuche con velas perfumadas y un candelabro de dos brazos. Pensó que la fragancia de jengibre, mejor aún que una de frutos rojos,  podía ser una buena elección para esa cena especial de noche de otoño.

La cena, efectivamente, fue exquisita de principio a fin. La conversación discurrió inicialmente por las  laderas de un pasado no muy lejano, esos tiempos en que ambos se veían con mayor regularidad y juntos organizaban proyectos colectivos de éxito. La suya era la historia de una larga y sólida amistad.

Hablaron de sus vidas actuales, de lo difíciles que eran ahora los tiempos para todo el mundo, también para sus amigos. Ella le contó lo que había vivido durante su reciente estancia en Québec,  y él le dio detalles de la visita de tres días que había hecho a París para ver la magna exposición sobre Dalí que habían montado en el Centro Pompidou.

El Pouilly-Fumé que tomaron con el turbot al horno fue haciendo su efecto, y lo mismo pasó con las copas de Quodlibet, que bebieron con dos deliciosos pasteles que, como siempre, acabaron compartiendo.
La luz de las velas se reflejaba en sus rostros, y el delicado perfume que flotaba en el aire consiguió que la conversación se fuera deslizando discreta pero inexorablemente de la cruda realidad vital al etéreo terreno emocional…
Se contaron un montón de historias antiguas y recientes, e intercambiaron alguna que otra confidencia íntima. Volvieron a hablar, una vez más, de esos sueños escritos que ella guardaba en un viejo dossier  que le había mostrado una sola vez, prometiéndole que algún día, le leería uno entero… Promesa siempre incumplida.

Llegó el momento en que se impuso un silencio absoluto y ambos permanecieron mirándose a los ojos…
Ella le cogió la mano y le arrastró suavemente hacia la escalera que subía al altillo donde tenía su dormitorio. El amor ardió entre sábanas blancas, en medio de caricias, besos y abrazos apasionados…

En el comedor, la velas también siguieron ardiendo.

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                             CLARÍN. SUCESOS.

DOS VÍCTIMAS MORTALES EN EL PAVOROSO INCENDIO QUE SE DECLARÓ DE MADRUGADA EN UN ÁTICO DE LA CALLE DANTE.

Poco pudieron hacer los bomberos para rescatar los cuerpos de dos personas que murieron en el voraz incendio que se declaró la madrugada pasada en el ático de un inmueble, sito en nº 128 de la calle  Dante,  en el lujoso barrio de San Juan.

Las autoridades han pedido que se abra una investigación para aclarar las causas de tan trágico siniestro. Todo parece apuntar a un cortocircuito aunque no se descartan otras hipótesis, aún por confirmar.

Max Le Carré.

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Enlaces

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Escriptura. Écriture. Patrick Modiano. (17)

27 Novembre 2012

 

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Escriptura. Els contes d’Alba Dedeu. (16)

27 Novembre 2012

A la secció de Cultura de la revista El Temps, del 16 d’octubre 2012 (nª 1479), trobo l’entrevista que Lluís Bonada va fer a la jove escriptora Alba Dedeu (Granollers. 1984) en ocasió de la publicació del seu segon recull de contes, titulat  L’estiu no s’acaba mai,  publicat per Proa el setembre 2012.

Lluís Bonada  -El lector ha d’endevinar la història que hi darrera de cada història, doncs?

Alba Dedeu – Més que endevinar , penso que cadascú la interpretarà a la seva manera

– Abans d’interpretar la història soterrada, el lector ha de copasar l’aregument, però sovint feu parlar els personatges  sense presentar-los, es triga a saber qui és el personatge que explica la història, si és home o dona, jove o gran , i quina relació té amb els altres personatges. Perquè utilitzeu aquesta estratègia?

Potser perquè em cansa quan un autor comença amb una estructura tradicional, fent retrats físics o psicològics dels personatges. Prefereixo que la història els vagi presentant. 

Però sense fer cap retrat físic ni  psicològics, normalment se sap a qui pertany la veu narradora, ben aviat; si és home o dona, jove o gran. quina és la seva situació personal, sentimental, etc. I quan parla dels altres, quina relació hi té.

– Potser perquè tampoc  vull que s’intenti identificar  el protagonista o la protagonista amb mi. M’agrada posar-hi si no una distància, una ambigüitat. Que no es pensi necessàriament amb una dona jove com jo. I que cada lector se’l faci més proper a ell mateix.

© El Temps.  pg.  54

 

Queda doncs clar que l’Alba declara haver escollit deliberadament l’estratègia de jugar amb la indefinició del personatge, fet que va en una direcció totalment contrària al principi  “sagrat”  de la creació d’una novel·la que presentàvem en el post sobre els principis bàsics de com escriure una bona novel·la, i que era un punt en el que coïncidien Frey i George: cal disposar d’una fitxa biogràfica de cada personatge. Y millor que siguei el més completa possible…

Crec que es tracta però d’una falsa oposició. Una cosa són els personatges novel·lecs, i una altre de diferent els personatges de contes o relats curs…  La curta durada de “la vida” d’un personatge de conte o de relat curt permet d’évitar la biografia que necessita per ser consistent i conseqüent durant tota la novel·la un personatge més complex que es veurà implicat en contextos diferents durant molt de temps…

Haurem doncs de llegir aquest  “L’estiu no s’acaba mai”,  títol que ens recorda el de “Paris no se acaba nunca”, de  Vila-Matas, per comprovar com funciona aquesta tècnica en els conste de l’Alba.

 

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Los jueves, relato. Arte paralelo.

23 Novembre 2012

ARTE PARALELO.

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Recuerdo muy bien esa tarde en que, sentados en una terraza frente al mar, empezamos hablando de amor y acabamos hablando de tu vida. En realidad, me contaste por enésima vez tu teoría, tu obsesión: alguna vez en tu pasado habías decidido que tenías que convertir tu propia vida en arte, mejor dicho… en Arte con mayúscula.

Habías empezado ya de pequeñita, logrando que tu abuelo te enseñase a jugar al ajedrez  muy a pesar suyo, ya que “Este no es un juego para niñas”, te había advertido muy seriamente. Aprendiste pues con la máxima pasión para llegar a ser la mejor ajedrecista de tu escuela, de tu ciudad. A los quince años ganaste dos premios nacionales y a los 17, uno internacional.

En la escuela aprendiste dibujo, pintura, piano, y quisiste además, a costa de malvivir unas jornadas imposibles, seguir unas clases de esgrima y, más tarde, otras clases de equitación. Con cada nueva actividad, a la satisfacción de añadir un nuevo arte a tu vida sumabas la de vencer un nuevo reto. No se trataba de hacer algo por hacerlo, sino de convertir cada disciplina en una pequeña parcela de arte. De sentirte un poco más artista.

Entre sorbo y sorbo de café, lanzaste una mirada al cielo azul que se confundía con el horizonte marino. Algo pasó por tu cabeza y empezaste entonces a confesarme  que te procuraba una inmensa emoción escoger y vestir sólo las mejores prendas, los mejores complementos y conjuntarlos todos, siempre, de la mejor manera posible.

Tu colección de zapatos, vestidos, pantalones y blusas eran piezas especiales. Las mejores marcas y los mejores diseños. Tu abrigo de pieles era de martas cibelinas siberianas. Lo habías escogido entre un montón de bellos abrigos, pero ese tuyo —decías— tenía un color, una textura y calidez únicas.
Tu joyas: anillos, brazaletes, pendientes, colgantes y collares eran los que habías ido comprando en tus viajes a Brasil, Colombia, México, Seychelles, Bali, Australia, Nueva Zelanda… Escogerlas era todo un arte, y llevarlas puestas te convertía en cierto modo en una artista única, inimitable e irrepetible. Sabías que todas las mujeres quedaban prendadas de ellas y que la mayoría las envidiaban, te envidiaban.

Leías los libros que habían recibido las mejores críticas y  los premios más selectos. Podías hacerlo en cuatro idiomas. Realizabas tú misma críticas literarias para una reputada editorial. Y lo más importante para ti: escribirías —ya habías empezado a hacerlo— un libro de cuentos y otro de novelas cortas…

Tu casa tenía la orientación perfecta y disfrutabas del jardín y la piscina al ritmo de las estaciones. Cuatro veces al año viajabas por todo el mundo. En invierno gustabas de disfrutar de las pistas de esquí de Gstaad, en Austria, o las de Zermat, en Suiza. Navidad y  Semana Santa eran sinónimos de viajes a lugares siempre especiales, en busca del arte escondido en iglesias, museos de grandes ciudades o de paisajes exóticos en países asiáticos.

En Europa, Florencia y Venecia te extasiaban siempre por todo cuanto en esas ciudades veías y vivías. Florencia te llevó a la escultura y Venecia a la manipulación del vidrio. Ese taller que compartías en Barcelona con otros artistas, te permitía vivir inmersa en la pintura, la escultura y la creación de objetos de vidrio, explorando técnicas de impresión con laser, y las de utilización de ácidos y arena para conseguir nuevos efectos y diseños.

—“Conoces mis colecciones de fotos, aunque no me considero una gran fotógrafa” –dijiste con un deje de humildad – Y sabes que cocino poco pero guiso algunos platos deliciosos. Quien los prueba, siempre repite.” –añadiste sonriendo…

Habías apadrinado a tres niños y dedicabas unas horas cada semana a una ONG dedicada a atender a personas mayores. Te quedaba muy poco tiempo para practicar jogging en el parque…

Detuviste ahí tu lista de artes y habilidades porque detectaste en mi rostro una mezcla de burlona incredulidad y de admiración. No quise interrumpirte ni una sola vez preguntándote algo concreto o pidiéndote alguna precisión…
Creo que tú  sabías que yo sabía ya casi todo lo que me contabas, y  te diste cuenta de que te habías excedido con esa enumeración de cualidades… Te habías quedado sola hablando sola en voz alta… Hubieras podido preguntarme algo, cambiar de tema, referirte al último sorbo café que se había enfriado por completo en la taza… pero creíste necesario acabar tu monólogo con una boutade:

—Tengo ya pensado mi epitafio, ¿sabes?… “Aquí yace una mujer que decidió convertir su vida en arte. Lo consiguió.”

Eso sí lo cambió todo: ambos soltamos a un tiempo una inmensa carcajada contagiosa e incontenible que duró indefinidamente….

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Max Le Carré

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El relato en audio  @Goear

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Enlaces

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Escriptura. Writing. Com fer-ho? (15)

20 Novembre 2012

Consells al escriptors que en Jon Winokur  inclou al seu Twitter . A nosaltres ens sembla un font d’idees i de bons consells, aquells que no fan la feina per sí sols, però que animen  a etar d’humor i amb ganes de posar-nos a escriure… que no és poca cosa !

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Com veieu, ens aconsellen posar-nos-ho fàcil: si no som capaços d’escriure tot un capítrol, ens podem limitar a escriure una página. Si una pàgina encara ens supera, podem provar d’escriure un paràgraf, i si tot i així el paràgraf encara ens ve gran,  sempre podem recórrer a escriure una sola frase.
Si no trobem una frase en qüestió de segons… llavors  més val deixar-ho córrer definitivament!

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Això és  una nova versió  de la  dita  que assegura que “La por a fer el ridícul mata”.  La contrapartida a mirar d’evitar de “morir” és que el treball esmerçat en imaginar bé una història, i després descriure-la  acuradament i de la  millor mnera possible, dóna com a fruit un resultat creatiu,
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Bé, sí, aquest deu ser un dels grans principis que cal seguir.  Ser capaços  de donar continuïtat a una idea començada i deixada en fase d’esborrany o de redacció inacabada. Cal seguir i anar fins al final.  Això és també, mutatis mutandi, el que se’ns  proposa el següent consell, a sota d’aquest.
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Cada idioma té la seva manera de dir el mateix: De mica en mica s’omple la pica. Més val una mica cada dia, escrita amb regularitat, que no pas paquets cratius irregulars… L’escriptura demana  rigor, voluntat i regularitat…
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Los jueves, relato. La tragedia de la marioneta.

16 Novembre 2012


La tragedia de la marioneta.

Dudé un poco antes de decidir si contar el drama que viví en esa casa de madera, donde la humedad y el humo de la chimenea me ahogaban, o si contar la quimera de mi pasado reciente, una quimera definitivamente ya vencida, superada, casi olvidada…

Por ello pensé que lo mejor sería quizás no contar  ni lo uno ni lo otro, sino algo infinitamente más trascendente por lo que tendría de modelo a seguir por parte de otras criaturas,  subordinadas como yo a los designios de su creador .
Opté por hacer lo que hago ahora: dejar por escrito todos y cada uno de los pasos que me condujeron a ese punto de no retorno tal como los imaginé. Era consciente de que los momentos finales sólo podía intuirlos,  y luego vivirlos… pero que no podría controlarlos.

Era un jueves de plenilunio. Una de esas noches en que el influjo de la luna altera el comportamientos de  animales,  plantas,  personas y también el de seres como yo,  marionetas, mitad cuerpo de madera articulada y mitad espíritu.

Max me había confesado, muy apenado, que le habían dado un ultimátum. Nos habían dado pues un ultimátum a los dos. La noche siguiente iba a ser una noche especial: debíamos conseguir hacer  algo nuevo y realmente espectacular, — iban a cubrir el evento las cámaras de televisión de diversas cadenas—  o , caso de obtener críticas adversas,  se acabarían nuestras funciones y pasaríamos a engrosar el número de víctimas del paro…

Después de mucho cavilar… decidí que iba a sacrificarme por Max. Sí, sería una función especial… una función que nadie  olvidaría. Resonarían los aplausos en la sala durante más tiempo que nunca. Puestos en pie, los asistentes romperían en “Bravos”… como nunca se habían oído antes en ese teatro. Y las cámaras darían cuenta al mundo entero del éxito de nuestra actuación así como de la magnitud de mi sacrificio .

Me pinté y vestí adecuadamente para tan especial ocasión.  Mi traje de Pierrot llevaba tres grandes botones negros, a juego con mis cejas, mis pestañas y mis ojos. Esos ojos, ya de por sí tristes, iban a lucir todavía más tristemente esta noche con dos toques verticales de color, que semejarían dos lágrimas negras.

Llegó el día. Llegó la hora. Empezó la función. Al son de  una música de organillo y bajo la luz de un potente foco, me fui levantando poco a poco y  así fue como  Max y yo  empezamos ese espectáculo que iba a cambiar nuestro sino.
Danzamos dando varias vueltas por el escenario, marcando bien el paso, como si de un desfile se tratara. Tardé poco en hacerle notar a Max que mi  mano izquierda  estaba firmemente atada a la suya, y que aunque podía girarla un poco, no conseguía moverla libremente… No sólo mi mano, sino también mi pie derecho era esclavo de esas cuerdas que me unían a él. Toda yo era un ser esclavo. ¿Cómo eso tan obvio no se me había ocurrido nunca antes? Decidí que iba a liberarme.

Hice entonces lo que nunca había hecho antes. Forcejeé  con rabia y conseguí romper una de esas cuerdas, la que  me ataba el brazo.  De las manos de Max colgaba ahora una cuerda rota … Creo que él tardó sólo unos segundos en vislumbrar la extensión de la tragedia que se avecinaba. Por eso, y para evitarlo, me ofreció  cariñosa y empáticamente  el extremo de esa cuerda para que volviera a atarla.
Pero era demasiado tarde, yo ya había tomado mi decisión.  Íbamos a interpretar un espectáculo apoteósico aunque fuera a costa de mi vida.

Seguí forcejeando y rompiendo una a una  esas cuerdas que siempre me habían estado uniendo a Max.  Luego de romper una cuerda más, la última, me vi a mi misma prostrada, arrodillada ante el público. Quedé  desencajada y rota sobre el escenario, a los pies de Max.  Noté en mi frente una fría humedad y  el potente haz de luz que nos enfocaba a ambos. Mientras expiraba, tuve  tiempo de oír en la sala el estentóreo eco de los aplausos…

Max Le Carré. Noviembre 2012.

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